13 sept. 2011

Artesanía para vestir

Decir batik, es transportarme directamente a las largas noches indonesias de verano.
Vestidos y prendas varias, se adornan con este arte, y casi sin querer, los dotan de una magia y significado especial.
La caída de las telas es perfecta para ir fresca y cómoda en verano. Su versatilidad hace que pueda vestirse en un día playero, en un paseo al atardecer, o en las mejores cenas hasta medianoche. Eso sí, requiere de un mínimo bronceado para resaltar todos sus detalles y colorido.
Me gusta porque me cuenta por si solo una historia, y en el se puede imaginar el trabajo manual de los todavía artesanos del batik, que lo hacen todavía más único y especial si cabe.
Me cuenta las mil y una historias cotidianas de la vida de los lugareños, para los que es mucho más que un simple dibujo y formas serpenteadas, forma parte de sus vidas de principio a fin, y en ellos queda reflejado, más que su identidad cultural su espiritualidad y creatividad en forma de colorido y diseño.  
 
Creo que, en los tiempos que corren, lo hace todavía más increíble pensar en el trabajo manual de sus dibujos. Basta con cera y anilinas, para ir dibujando una figura perfecta, que el artesano va perfeccionando poco a poco y sobre la marcha, hasta conseguir una mezcla  perfecta de colores y una rica variedad de matices que le dan su toque especial.


Por algún motivo, el batik indonesio fue inscrito en 2009 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, y por ello, no dude en llevármelo a casa para tenerlo muy presente en el ajetreado tiempo en que nos ha tocado vivir.

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